sábado, 3 de septiembre de 2011

Kilómetro cero

   Pocas cosas hay más gratificantes para un fotógrafo de rock, que contar con la confianza de una gran banda, y sentirse partícipe de esa aventura que supone volver de nuevo a la carretera.
Miles de kilómetros de duro asfalto, devorados a ritmo de rocanrol, entre risas y cerveza, y con el eco del último bolo retumbando en la cabeza de todos.
Furgoneta, y al hotel, pruebas de sonido, y compartir esos txirimbolos en el backstage, siempre en la mejor de las compañías.
Vamos, faltan diez minutos. Por fin se hizo la magia, 3, 2, 1...  y la banda se arranca con los primeros acordes.
Dice mi compadre "El Pitxacorta" (tranqui socio, sabes que en cuestión de atributos andamos a la par),  que el tamaño no importa, pero cuando se trata de retratar a la banda de rocanrol más grande que ha parido madre, el nivel de exigencia que uno se autoimpone, es muy alto. Espero estar a la altura de las circunstancias, pero ante todo tengo un objetivo muy claro, disfrutar a tope de cada instante, con cada clic. Lo demás, vendrá rodado.
Cada gira es única e irrepetible, y esta si cabe, aún más.
Gracias MAREA, por dejarme acompañaros en este viaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario